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Plañidera "Duelo"

¡Qué no habrá dejado atrás esta bella butaquita a lo largo de sus ya seis décadas de vida!

Llora. Llora… Y llora. Negro y amargo luto la visten mientras mantiene la espalda erguida y la cabeza alta, conserva tersa su piel roja e irradia el esplendor que permanece en su interior pese a la carcoma que royó sus entrañas. ¡Qué maravillosa metáfora!

Llora…


Todos somos vulnerables, ningún estado es eterno y cada pérdida nos acarrea un dolor inmenso.  El sufrimiento por la merma de aquello que valoramos es parte de nuestra condición humana: carga de nuestra estirpe y existencia, ligada siempre a la efeméride y a lo fugaz.

Llora tus quebrantos, llora tus duelos, deja que sean tus lágrimas quienes proclamen en silencio tu dolor. Déjalas desbocar para que no se transformen en un sangrado interior que sostenga a aquellos en un estado permanente.

No lo es, el DUELO es un desafío, un proceso consciente de adaptación.

A pesar de las carencias todo puede ir bien aunque nunca, nada, será igual. Un camino en el que tus huellas marcadas revelan y corporizan de ti la esencia que siempre estuvo allí.